Reseña Rayuela de Julio Cortázar

 Rayuela se publicó en 1963, y es una novela que lo contiene todo, una historia de amor entre Horacio Oliveira y la Maga, un París donde a cada paso que lees te sumerge en las calles, también es una metanovela, pues habla de sí misma, sobre el propio lenguaje, la literatura, la búsqueda del sentido de la vida, la imposibilidad de alcanzar la verdad absoluta y, además, esta obra habla al lector y es el propio lector quien participa en ella. Cortázar no quería hacer una novela diferente sino que quería cuestionar la propia idea de la novela en sí misma y el lector ha de participar en ese juego infinito que es la rayuela. 



Julio Florencio Cortázar (1914-1984) nació en Bruselas, pero sus padres son argentinos. Él pasó buena parte de su infancia en Argentina, también se formó como docente hasta que acabó trasladándose a París donde trabajaba como traductor para la Unesco. Ya había escrito algunos cuentos famosos, pero Rayuela sin duda fue su obra más ambiciosa. Se convirtió en obra clave para el llamado "Boom latinoamericano". 



Durante las décadas de 1960 y 1970, autores como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes alcanzaron una enorme difusión internacional. La narrativa latinoamericana comenzó a ser leída en Europa y en otras partes del mundo como una de las grandes fuerzas renovadoras de la literatura contemporánea.

Pero el Boom no fue un movimiento homogéneo.

García Márquez llevó a una dimensión universal la mezcla de historia, mito, memoria y realidad cotidiana que cristalizaría en Cien años de soledad. Cortázar tomó otro camino; el de la experimentación formal, la fragmentación, la metaliteratura y la participación activa del lector.

Bien, para leer Rayuela, Cortázar propone dos lecturas, la primera es leerla a la manera convencional desde el capítulo 1 hasta el capítulo 56 y luego puedes leer los capítulos extra o prescindibles. La segunda forma, (la que yo leí, es más difícil, pero le da un sentido de profundidad) comienza en el capítulo 73 y va siguiendo una secuencia que el autor propone, saltando de un capítulo a otro según se indica en la parte final del capítulo, de manera que vas saltando de capítulo en capítulo como si de una rayuela se tratase, por eso mismo, ésta lectura es tan interesante, porque entiendes muchas cosas. 

La estructura de la novela está dividida en 3 grandes partes: "Del lado de allá" (París), "Del lado de acá" (Buenos Aires), "De otros lados" (capítulos prescindibles), donde aparecen reflexiones, citas, fragmentos, documentos, conversaciones y, especialmente, las reflexiones del escritor Morelli.

Pero hay una ironía fundamental en la expresión «capítulos prescindibles», no lo son. Algunos contienen información aparentemente secundaria; otros parecen digresiones; algunos resultan densos o incluso desconcertantes. Sin embargo, poco a poco descubrimos que esos capítulos contienen la teoría secreta de la novela. En ellos Cortázar explica, a través de Morelli, aquello que está haciendo con nosotros. La novela, por tanto, contiene dentro de sí misma una especie de manual para comprender su propia construcción. Es novela y teoría de la novela simultáneamente. 

Morelli es uno de los grandes hallazgos de la obra, el viejo escritor funciona como una especie de conciencia crítica de Rayuela. Sus reflexiones cuestionan la novela tradicional y defienden una literatura que no entregue todo resuelto al lector. Debe establecer relaciones, interpretar, saltar, volver atrás, reconstruir. La crítica ha insistido precisamente en esta dimensión de Rayuela ya que los capítulos atribuidos a Morelli funcionan como un metatexto que reflexiona sobre la propia novela, el lenguaje, la representación de la realidad y la función del lector. Y entonces ocurre algo extraordinario y es que el lector deja de estar fuera de la novela sino que forma parte de ella.

En el centro de todo está Horacio Oliveira, intelectual argentino instalado en París, Oliveira pertenece al Club de la Serpiente, un grupo de amigos que conversa sobre literatura, filosofía, arte y jazz.; pero Horacio tiene un problema fundamental y es que no sabe cómo vivir, piensa demasiado y lo analiza todo.  Busca constantemente una realidad superior, un lugar desde el que la existencia pueda comprenderse finalmente, ese lugar aparece simbólicamente como el «otro lado, y ahí está una de las grandes claves de la novela. Horacio no busca únicamente a la Maga, busca algo que cree que la Maga representa. 




La Maga parece poseer de manera espontánea aquello que Horacio intenta alcanzar mediante la inteligencia: una forma directa, intuitiva y casi irracional de estar en el mundo. Ella se equivoca, se pierde, no comprende las conversaciones intelectuales del Club de la Serpiente y precisamente por eso está más cerca de la vida. Por otro lado, Horacio quiere comprender la existencia mientras que la Maga simplemente la vive.

No es una historia de amor convencional, estamos ante dos personas que se encuentran y se pierden continuamente. París se convierte en el escenario perfecto para ello: puentes, cafés, calles, habitaciones, paseos nocturnos, encuentros fortuitos, la propia búsqueda de la Maga adquiere una dimensión simbólica, Horacio busca a la mujer, pero también busca aquello que cree que ella representa, por eso la pérdida de la Maga no es simplemente la pérdida de una amante. Es la pérdida de una posibilidad de alcanzar ese "otro lado»"

Uno de los momentos más radicales de Rayuela es el capítulo 68. Cortázar inventa un lenguaje —el glíglico— para narrar una experiencia erótica. Y aquí el experimento va mucho más allá del simple juego verbal. En lugar de limitarse a describirla con el vocabulario convencional, inventa palabras, ritmos y asociaciones capaces de transmitir sensaciones sin necesidad de explicarlas literalmente y el resultado es fascinante porque el lector comprende mucho más de lo que las palabras, tomadas aisladamente, significan, el significado aparece en el conjunto. Y eso explica también otros momentos de la novela en los que aparecen palabras deformadas, juegos lingüísticos, faltas deliberadas, cambios de registro o frases que parecen desbordarse, no es descuido, es una búsqueda.

Por otro lado, la elección del título de "Rayuela" es otra de las genialidades de Cortázar, ya que es una metáfora de toda la novela. En el juego tradicional de la rayuela se avanza saltando de una casilla a otra hasta llegar al cielo. Horacio salta buscando el otro lado, el lector salta buscando el sentido, Cortázar salta entre formas literarias buscando una nueva novela. Los tres participan en el mismo juego y al final descubrimos que no existe una última casilla.



Y llegamos al capítulo final. El capítulo 131 remite al 58 y el 58 vuelve al 131. No hay un punto final convencional, la novela queda atrapada en un circuito infinito. La crítica ha señalado precisamente esta peculiaridad como una de las bromas finales de Cortázar, la obra termina y, al mismo tiempo, se niega a terminar, y entonces comprendemos que el final no es simplemente un artificio, es el significado de toda la estructura, la búsqueda de Horacio no tiene una conclusión definitiva, la lectura tampoco, la rayuela tampoco. No existe una casilla última donde podamos decir algo así como que ya está, ya lo entendí todo.

Además, el final es ambiguo a propósito, no quiere que sepamos que ocurrió sino que sigamos pensando en las posibilidades.  

Con todo esto, Cortázar demuestra que dentro de una novela pueden caber una historia de amor, filosofía, jazz, poesía, crítica literaria, conversaciones absurdas, reflexiones metafísicas, humor, erotismo, citas, juegos lingüísticos, fragmentos narrativos, teoría literaria y experimentación tipográfica. En ese sentido, Rayuela quiere ser una novela en la que quepa todo.

También, he se señalar que no es una novela fácil, he tenido que leer diversos estudios de estudiosos, valga la redundancia, para entender partes de la obra, ya que hay algunos capítulos de una belleza extraordinaria y otros capítulos que pueden ser un poquito más densos o en los que te pierdas. 















Como conclusión, he decir que he leído muchas novelas maravillosas, pero que ésta me ha obligado a leer de una manera diferente, lejos de la convencional, me ha obligado a reflexionar, a saltar de un lado a otro, a ver como se destruye el propio lenguaje para entender el lenguaje, a aceptar que una escena puede entenderse emocionalmente aunque no pueda traducirse palabra por palabra, a descubrir que un personaje puede ser al mismo tiempo una persona, un símbolo y una posibilidad. Y, sobre todo, me ha hecho comprender que la forma de una novela puede convertirse en parte de su significado. Por eso, después de terminarla, no puedo evitar pensar que Rayuela es una de las obras más ambiciosas que he leído. No es El Quijote, ni creo que pueda existir otro Quijote, pero sí creo que puede sentarse muy cerca de él. Porque Cervantes y Cortázar comparten algo extraordinario y es que no se conformaron con escribir una gran novela; quisieron ampliar los límites de lo que una novela podía ser.

Y, si tuviera que elegir dónde quedarme después de cerrar el libro, elegiría aquel París., me quedaría caminando con Horacio por sus calles, entrando en cafés, escuchando jazz, mirando los puentes, esperando encontrar a la Maga en alguna esquina, no porque quiera saber qué ocurrió después, sino porque prefiero que siga existiendo la posibilidad del encuentro, porque mientras Horacio y la Maga puedan encontrarse, la novela todavía no ha terminado, y mientras la rayuela siga saltando de una casilla a otra, nosotros tampoco hemos terminado de leerla.


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